domingo, 28 de agosto de 2011

Doble Faz.


            Recuerdo a mi padre decir que la muerte era un país del cual ningún viajero regresaba. Yo era niño y me asombraba por esas palabras. Hoy lo vivo en carne propia. Es mi último día. El aire es distinto, los colores también. Nada es igual. Mi tiempo está contado y es cuestión de minutos para que entre en un profundo y largo sueño. Por lo menos así lo veo yo. Mi padre pensaba a la muerte como un país, yo la pienso como una larga pesadilla.
            A veces me costaba encontrarme conmigo mismo. La soledad de una celda puede hacer maravillas con tu mente. Realmente solo pensaba en ella. La extrañaba. Me había dejado y lo tuve que haber evitado. Constantemente perdía la noción de quién era y del lugar en donde estaba. Llegué a casa y entré en la cocina. Sabía que allí la iba a encontrar. La vi y me puse a su lado.  Le susurré que la amaba. Me devolvió una sonrisa y recordé todos los años que pasamos juntos. Sus ojos verdes me capturaron para siempre. Fue a primera vista, nunca amé a nadie tanto como a ella. Vivíamos bien. El tiempo transcurría a su debido curso. 
            Desperté con los gritos de Sofía. No tuve ni tiempo para reaccionar. Pasó todo demasiado rápido. Su cuerpo estaba lleno de sangre. Mis gritos deben de haber despertado a todo el barrio. Intenté seguir al asesino, pero nunca logré verlo. Al bajar me encontré con mi padre. ¿Qué hacía mi padre allí? Lo ignoré y seguí mi camino. Entré al baño y vi a mis hijos ahogados en una bañera. Tuve que detenerme. Llorando e insultando los abracé e intenté revivirlos. Fue todo en vano. Me levanté. Al darme vuelta me vi a mi mismo sosteniendo un cuchillo. Sentí como si alguien me estuviera empujando y abrí los ojos por segunda vez. Estaba todo sudado y casi llorando. Sofía me despertó acusando que estaba gritando. Dijo que  había tenido una pesadilla. Una horrible pesadilla.
            Luego de mi incidente, tuve problemas para conciliar el sueño. Estaba demasiado perturbado por lo que acababa de ver.  ¿Qué lleva a mi subconsciente a soñar semejante barbaridad? ¿Acaso me tenía que cuidar de mi mismo? No encontré respuestas en ningún lado. Decidí olvidar lo sucedido y no contarle a mi amada esposa el terrible acto que cometía en mi mente. Mi mente iba y venía. No me sentía yo mismo. El miedo a ser capturado era aun mayor.
            Lamentablemente no fue la primera ni la última vez que tuve esas pesadillas. Me entraron a perseguir. No lograba dormirme por las noches y Sofía empezaba a tenerme miedo. Si, miedo. Con el tiempo nos fuimos alejando. Yo seguía obsesionado con estos sueños y comencé a recurrir al alcohol. Botellas de whisky iban y venían como vasos de agua. Me quedaba en casa escribiendo hasta tarde, tomando y regresando a la cama bastante mareado. A veces solía desmayarme en el sillón. Me daba miedo irme a dormir. Me comportaba como un niño asustado, horrorizado por sus pesadillas.  Eran de esperar las quejas de Sofía. ¿Por qué tomas tanto? ¿Acaso no nos amas? ¿Qué no me estas contando? Siempre repetía las mismas preguntas. Me ponían nervioso. Me hacían enojar. Tenía que hablar con alguien acerca de mis miedos. Me estaban consumiendo.
            Ya era de noche. Luna llena. Perfecto para despedirme. El tiempo pasa más lento que nunca. Unos minutos parecen ser toda una eternidad. Estoy nervioso. Creo que mañana me viene a visitar mi padre. De verdad lo extraño. De pequeño me contaba historias de horror. Todas las noches terminaba durmiendo en su cuarto del miedo que tenía. Va a ser difícil despedirme. No sabría qué decirle. Él sabe quién soy de verdad. Me conoce mucho, más de lo que yo me a mí mismo. A veces siento que no me conozco. Es algo complicado de explicar, pero me pasa bastante seguido. Es como si un insecto en mi cabeza jugara con mi mente y me hiciera pensar otras cosas. No logro concentrarme. Solo con ella me sentía yo mismo. Ese maldito insecto. Él fue el culpable de esto. Yo nunca quise perderla. Ahora no puedo hacer nada. Está lloviendo. Perfecto para despedirme. 
            Desperté con los gritos de Sofía. No tuve tiempo para reaccionar. Pasó todo demasiado rápido. Estaba viviendo otra pesadilla. Su cuerpo estaba lleno de sangre. Mis gritos deben de haber despertado a todo el mundo. Bajé las escaleras sabiendo lo que iba a encontrar. Entré al baño y vi a mis hijos ahogados en una bañera.  Tuve que detenerme. Llorando e insultando, abracé a mis dos hijos e intenté revivirlos. Estaba desconsolado. Fue todo en vano. Me levanté. Al dar media vuelta vi en el espejo la imagen que me atormentaba todas las noches,  a mi mismo con un cuchillo y empapado en agua. Esta vez no me despertó nadie. Dios mio, ¿Que había hecho?
            Sonó un timbre que me hizo recordar a mi escuela secundaria. Era un edificio grande y viejo. Lo odiaba. Un hombre alto y grande entró en la celda. Era mi padre. ¿Qué hacía él en mi casa?  ¿Qué hacía yo en una celda? ¿Qué estaba pasando?  Me puse muy nervioso. Intenté escapar pero me contuvieron. Sentí un pinchazo. ¿Por qué me inyectan? ¿Que está pasando?. Después de unos minutos me recosté en la cama. Sofía ya estaba durmiendo. La acaricié y le di un beso. Le susurré que la amaba. Creo que logró escucharme, ya que una pequeña sonrisa iluminó todo el cuarto. Me dijo que no sufra. Estaba tranquilo. Se me acercó mi padre y me abrazó. No sabía lo que me quería decir. Volví a dar cuenta de la situación. ¿Yo había asesinado a mi esposa? ¿A mis ángeles?  Necesito tiempo, no entiendo.
            Fue entonces cuando mi mente volvió a recordar todo lo sucedido y casi como a propósito, pude entender la razón de mi presencia en ese horrible lugar. Mi padre me abrazó y por primera vez volví a sentirme yo mismo. La extraño. La mente humana no tiene límites. Uno cree lo que quiere creer. Había llegado mi hora. Solo pensaba en ella. En como la amaba. Nunca quise esto. Ese maldito insecto, él tiene la culpa. No puedo pensar. Estoy perdido en mi mente. Sigo sin entender cómo es que sucedió. Por favor, soy inocente.

Notas

Segui leyendo a Poe durante esta semana para ayudarme un poco en mi texto. Me interesaron los cuentos que tratan con un personaje central y como este va cambiando a medida que avanza el texto. Entre otros, los que mas me interesaron y de los que mas rescaté ayuda fueron: El escarabajo de oro, El gato negro y El corazón revelador. Estos 3 cuentos tienen en comun la idea de un personaje y su respectivo problema. Por ejemplo, del Escarabajo de oro me interesó como Poe, a medida que avanza el texto, incrementa la obsesion del personaje por encontrar el tesoro.Como si durante todo el relato, no tenia otro pensamiento. Los otros dos cuentos me sirvieron mucho. Poe logra crear un caso de locura y paranoia, utilizando lo siniestro y lo inexplicable. En el "Corazón Revelador" es muy interesante como se muestra al personaje. Constantemente afirmando que no era un loco. Que un loco no podria realizar una obra tan perfecta. Y bueno, el final es de los mejores finales que lei. La verdad me encantó. Un cuento corto, simple de leer. Ya estoy terminando de escribir la ultima version. "El gato negro" tambien juega mucho con lo inexplicable. Me gusta mucho el personaje y la relacion con el gato que va cambiando a medida que avanza el cuento. Un gran cuento, que desde chico me fascina.  Mas que nada queria lograr un poco de eso. Como me dijo Emi, centrarme un poco mas en lo siniestro del caso, lo inexplicable, explicar menos. Que el grado de confusion sea aun mas grande. Dentro de un rato lo subo. Les mando un saludo, espero que sigan todos bien.

domingo, 21 de agosto de 2011

procesoo

Holaa como andan? Estos dias estuve leyendo varios cuentos de E.A Poe, que juega mucho con el tema de los asesinatos, la locura y demás... para ver que puedo cambiar, modificar o si hasta puedo encontrar nuevas ideas. Acá dejo la última versión del proyecto.  Seguí el consejo de una de las chicas y cambié un poco el principio. Quería seguir con el juego del diario e intentar mostrar un poco mas lo que piensa el personaje. Agregué un párrafo mas con ciertos pensamientos y dudas, y aproveché para crear un poco mas de espacio entre la repetición del sueño (no me gustaba que estén muy cerca los párrafos) ya que son muy similares. Sigo pensando en algunas otras cosas. Capaz ampliar un poco mas sobre la relación con el padre, que constantemente aparece en escena. Espero les guste, un saludo a todos!

Proyecto Narrativo

Doble faz

            Recuerdo a mi padre decir que la muerte era un país del cual ningún viajero regresaba. Yo era niño y me asombraba por esas palabras. Hoy lo vivo en carne propia. Mis actos decretaron que no iba a vivir más de treinta años. Hoy es mi último día. El aire es distinto, los colores también. Nada es igual. Mi tiempo está contado y es cuestión de minutos para que entre en un profundo y largo sueño. Por lo menos así lo veo yo. Mi padre pensaba a la muerte como un país, yo la pienso como una larga pesadilla. 
            A veces me costaba encontrarme conmigo mismo. La soledad de una celda puede hacer maravillas con tu mente. Realmente solo pensaba en ella. La extrañaba. Me había dejado y lo tuve que haber evitado. Constantemente perdía la noción de quién era y del lugar en donde estaba. Llegué a casa y entré en la cocina. Sabía que allí la iba a encontrar. La vi y me puse a su lado.  Le susurré que la amaba. Me devolvió una sonrisa y recordé todos los años que pasamos juntos. Sus ojos verdes me capturaron para siempre. Fue a primera vista, nunca amé a nadie tanto como a ella. Vivíamos bien. El tiempo transcurría a su debido curso. Teníamos una pequeña casa en las afueras, perfecta para los niños. Nadie molestaba. Yo trabajaba en casa. Escribía pequeñas novelas para una revista local.
            Desperté con los gritos de Sofía. No tuve ni tiempo para reaccionar. Pasó todo demasiado rápido. Su cuerpo estaba lleno de sangre. Mis gritos deben de haber despertado a todo el barrio. Intenté seguir al asesino, pero nunca logré verlo. Al bajar me encontré con mi padre. ¿Qué hacía mi padre allí? Lo ignoré y seguí mi camino. Entré al baño y vi a mis hijos ahogados en una bañera. Tuve que detenerme. Llorando e insultando los abracé e intenté revivirlos. Fue todo en vano. Me levanté. Al darme vuelta me vi a mi mismo sosteniendo un cuchillo. Sentí como si alguien me estuviera empujando y abrí los ojos por segunda vez. Estaba todo sudado y casi llorando. Sofía me despertó acusando que estaba gritando. Dijo que  había tenido una pesadilla. Una horrible pesadilla.
            Luego de mi incidente, tuve problemas para conciliar el sueño. Estaba demasiado perturbado por lo que acababa de ver.  ¿Qué lleva a mi subconsciente a soñar semejante barbaridad? ¿Acaso me tenía que cuidar de mi mismo? No encontré respuestas en ningún lado. Decidí olvidar lo sucedido y no contarle a mi amada esposa el terrible acto que cometía en mi mente.
            Lamentablemente no fue la primera ni la última vez que tuve esas pesadillas. Me entraron a atormentar. No lograba dormirme por las noches y Sofía empezaba a tenerme miedo. Con el tiempo nos fuimos alejando. Yo seguía obsesionado con estos sueños y comencé a recurrir al alcohol. Botellas de whisky iban y venían como vasos de agua. Me quedaba en casa escribiendo hasta tarde, tomando y regresando a la cama bastante mareado. A veces solía desmayarme en el sillón. Me daba miedo irme a dormir. Eran de esperar las quejas de Sofía. ¿Por qué tomas tanto? ¿Acaso no nos amas? ¿Qué no me estas contando? Siempre repetía las mismas preguntas. Me ponían nervioso. Tenía que hablar con alguien acerca de mis miedos. Me estaban consumiendo y comenzaban a afectar mi vida diaria y la relación con mi familia.
            Ya era de noche. Luna llena. Perfecto para despedirme. El tiempo pasa más lento que nunca. Unos minutos parecen ser toda una eternidad. Estoy nervioso. Creo que mañana me viene a visitar mi padre. De verdad lo extraño. De pequeño me contaba historias de horror. Todas las noches terminaba durmiendo en su cuarto del miedo que tenía. Va a ser difícil despedirme. No sabría qué decirle. Él sabe quién soy de verdad. Me conoce mucho, más de lo que yo a mí mismo. A veces siento que no me conozco. Es algo complicado de explicar, pero me pasa bastante seguido. Es como si un insecto en mi cabeza jugara con mi mente y me hiciera pensar otras cosas. No logro concentrarme. Solo con ella me sentía yo mismo. Ese maldito insecto. Él fue el culpable de esto. Yo nunca quise perderla. Ahora no puedo hacer nada. Está lloviendo. Perfecto para despedirme.
            Desperté con los gritos de Sofía. No tuve ni tiempo para reaccionar. Pasó todo demasiado rápido. Su cuerpo estaba lleno de sangre. Mis gritos deben de haber despertado a todo el mundo. Bajé las escaleras sabiendo lo que iba a encontrar. Entré al baño y vi a mis hijos ahogados en una bañera.  Tuve que detenerme. Llorando e insultando, abracé a mis dos hijos e intenté revivirlos. Estaba desconsolado. Fue todo en vano. Me levanté y al darme vuelta vi en el espejo la imagen que me atormentaba todas las noches,  a mi mismo con un cuchillo y empapado en agua.
            Sonó un timbre que me hizo recordar a mi escuela secundaria. Era un edificio grande y viejo. Lo odiaba. Un hombre alto y grande entró en la celda. Era mi padre. ¿Qué hacía él en mi casa?  ¿Qué hacía yo en una celda? ¿Qué estaba pasando?  Me puse muy nervioso. Intenté escapar pero me contuvieron. Sentí un pinchazo. Me dieron una inyección. Después de unos minutos me recosté en la cama. Sofía ya estaba durmiendo. La acaricié y le di un beso. Le susurré que la amaba. Estaba tranquilo. Se me acercó mi padre y me abrazó. No sabía lo que me quería decir. Volví a dar cuenta de la situación. ¿Yo había asesinado a mi esposa? ¿A mis ángeles?  Necesito tiempo, no entiendo.
            Fue entonces cuando mi mente volvió a recordar todo lo sucedido y casi como a propósito, pude entender la razón de mi presencia en ese horrible lugar. Mi padre me abrazó y por primera vez volví a sentirme yo mismo. La mente humana no tiene límites. Uno cree lo que quiere creer. Había llegado mi hora. Solo pensaba en ella. En como la amaba. Nunca quise esto. Sigo sin entender cómo es que sucedió. Por favor, soy inocente.

domingo, 14 de agosto de 2011

Procesoo

Holaa a todoss! como andan? bueno, acabo de subir el texto. Sigo con la misma línea general. Estuve viendo lo que hablé con las chicas el martes y en base a algunos consejos y demás corregí algunos errores y modifique pequeñas partes. Lei del cuadernillo  las consignas de la pagina 42 y de todas me gustó la de Esperando a Godot en Saravjevo.Una de las consignas es escribir un diario de alguno de los actores, y creo que puedo relacionar la consigna con mi texto, ya que por mas que no sea un diario lo que estoy escribiendo, tiene algo similar. El problema con el que estoy ahora lidiando es el poder cambiar el texto o ir modificandolo en base a la consigna. Espero que les guste y nos vemos el martes!
Un saludo,
Mariano.
Doble faz

            Recuerdo a mi padre decir que la muerte era un país del cual ningún viajero regresaba. Yo era niño y me asombraba por esas palabras. Hoy lo vivo en carne propia. Mis actos decretaron que no iba a vivir más de treinta años. Me encontraron culpable de homicidio. Me espera la pena de muerte. No pido que se compadezcan ni que sientan lastima por mí. Hoy es mi último día.
            El aire es distinto, los colores también. Nada es igual. Mi tiempo esta contado y es cuestión de minutos para que entre en un profundo y largo sueño. Por lo menos así lo veo yo. Mi padre pensaba a la muerte como un país, yo la pienso como una larga pesadilla. 
            A veces me costaba encontrarme conmigo mismo. La soledad de una celda puede hacer maravillas con tu mente. Realmente solo pensaba en ella. La extrañaba. Me había dejado y lo tuve que haber evitado. Constantemente perdía la noción de quién era y del lugar en donde estaba. Di  vuelta y entré en la cocina. La vi y me puse a su lado.  Le susurré que la amaba. Me devolvió una sonrisa y recordé todos los años que pasamos juntos. Sus ojos verdes fueron la razón de mi enamoramiento. Fue a primera vista, nunca amé a nadie tanto como a ella. Vivíamos bien y el tiempo transcurría a su debido curso. Teníamos una pequeña casa en las afueras, perfecta para los niños e ideal para descansar. Nadie molestaba. Yo trabajaba en casa. Escribía pequeñas novelas para una revista local.
            Desperté con los gritos de Sofía. No tuve ni tiempo para reaccionar. Pasó todo demasiado rápido. Su cuerpo estaba lleno de sangre. Mis gritos deben de haber despertado a todo el barrio. Intenté seguir al asesino, pero nunca logré verlo. Al bajar me encontré con mi padre. Lo ignoré y seguí mi camino. Entré al baño y vi a mis hijos ahogados en una bañera.  Tuve que detenerme. Llorando e insultando los abracé e intenté revivirlos. Fue todo en vano. Me levanté y al darme vuelta me vi a mi mismo sosteniendo un cuchillo. Sentí como si alguien me estuviera empujando y abrí los ojos por segunda vez. Estaba todo sudado y casi llorando. Sofía me despertó acusando que estaba gritando y me dijo que  había tenido una pesadilla. Una horrible pesadilla.
            Intenté conciliar el sueño pero  estaba demasiado perturbado por lo que acababa de ver.  ¿Qué lleva a mi subconsciente a soñar semejante barbaridad? ¿Acaso me tenía que cuidar de mi mismo? No encontré respuestas en ningún lado. Decidí olvidar lo sucedido y no contarle a mi amada esposa el terrible acto que cometía en mi mente.
            Lamentablemente no fue la primera ni la última vez que tuve esas pesadillas. Me empezaron a atormentar. No lograba dormirme por las noches y Sofía empezaba a tenerme miedo. Con el tiempo nos fuimos alejando. Yo seguía obsesionado con estos sueños y comencé a recurrir al alcohol. Botellas de whisky iban y venían como vasos de agua. Me quedaba en casa escribiendo hasta tarde, tomando y regresando a la cama bastante mareado. A veces me desmayaba en el sillón. Me daba miedo irme a dormir. Eran de esperar las quejas de Sofía. ¿Por qué tomas tanto? ¿Acaso no nos amas? ¿Qué no me estas contando? Siempre repetía las mismas preguntas. Me ponían nervioso. Tenía que hablar con alguien acerca de mis miedos. Me estaban consumiendo y comenzaban a afectar mi vida diaria y la relación con mi familia.
            Ya era de noche. Luna llena. Perfecto para despedirme. El tiempo pasa más lento que nunca. Unos minutos parecen ser toda una eternidad. Estoy nervioso.
            Desperté con los gritos de Sofía. No tuve ni tiempo para reaccionar. Pasó todo demasiado rápido. Su cuerpo estaba lleno de sangre. Mis gritos deben de haber despertado a todo el mundo. Bajé las escaleras sabiendo lo que iba a encontrar. Entré al baño y vi a mis hijos ahogados en una bañera.  Tuve que detenerme. Llorando e insultando, abracé a mis dos hijos e intenté revivirlos. Estaba desconsolado. Fue todo en vano. Me levanté y al darme vuelta vi en el espejo la imagen que me atormentaba todas las noches,  a mi mismo con un cuchillo y empapado en agua.
            Sonó un timbre que me hizo recordar a mi escuela secundaria. Era un edificio grande y viejo. Lo odiaba. Un hombre alto y grande entró en la celda. Era mi padre. ¿Qué hacía él en mi casa?  ¿Qué hacía yo en una celda? ¿Qué estaba pasando?  Empecé a dudar de el y su presencia. Intenté escapar pero  me contuvieron y me dieron una inyección. Sentí que me caía de un piso veinte y después de unos minutos me recosté en la cama. Sofía ya estaba durmiendo. La acaricié y le di un beso. Más tranquilo, volvió mi padre para explicarme algo. No sabía lo que me quería decir, pero seguro me iba a pedir que lo lleve a su casa después de cenar. Estaba equivocado. Volví a dar cuenta de la situación y me explicó lo que me estaba pasando. ¿Yo había asesinado a mi esposa? ¿A mis ángeles? 
            Fue entonces cuando mi mente volvió a recordar todo lo sucedido y casi como a propósito, pude entender la razón de mi presencia en ese horrible lugar. La mente humana no tiene límites. Uno cree lo que quiere creer. Había llegado mi hora. Solo pensaba en ella. En como la amaba. Nunca quise esto. Sigo sin entender cómo es que sucedió. Ayúdenme, creo ser inocente.

viernes, 5 de agosto de 2011

Publico de nuevo, una segunda version, no muy distinta pero esta vez intenté enncontrar algunos errores y corregirlos. Este fin de semana intentaré escribir una tercera version.. Un saludo a todos
Mariano

Doble Faz / II

Recuerdo a mi padre decir que la muerte era un país del cual ningún viajero regresaba. Yo era niño y me asombraba por esas palabras. Hoy lo vivo en carne propia. Mis actos decretaron que no iba a vivir más de 30 años. Me encontraron culpable de homicidio. Me espera la pena de muerte. No pido que se compadezcan ni que sientan lastima por mí. Hoy es mi último día.
El aire es distinto, los colores también. Nada es igual. Mi tiempo esta contado y es cuestión de minutos para que entre en un profundo y largo sueño. Por lo menos así lo veo yo. Mi padre pensaba a la muerte como un país, yo la pienso como una larga pesadilla.  A veces me costaba encontrarme conmigo mismo. La soledad de una celda puede hacer maravillas con tu mente. Realmente solo pensaba en ella. La extrañaba. Me había dejado y lo tuve que haber evitado.
Constantemente  perdía la noción de quién era y del lugar en donde estaba. Di  vuelta y entré en la cocina. La vi y me puse a su lado.  Le susurré que la amaba. Me devolvió una sonrisa. Sus ojos verdes fueron la razón de mi enamoramiento. Fue a primera vista claro, nunca amé a nadie tanto como a ella. Éramos felices y mi vida iba encaminada. Teníamos una pequeña casa en las afueras, perfecta para los niños y para descansar. Nadie molestaba. Yo trabajaba en casa. Escribía pequeñas novelas para una revista local.
Desperté con el ruido de la puerta cerrarse. No tuve ni tiempo para reaccionar. Pasó todo demasiado rápido. Su cuerpo estaba lleno de sangre. Mis gritos deben de haber despertado a todo el barrio. Intenté seguir al asesino, pero nunca logré verlo. Al bajar me encontré con mi padre. Lo ignoré y seguí mi camino. Entré al baño y vi a  mis hijos ahogados en una bañera.  Tuve que detenerme. Llorando e insultando, abracé a mis dos hijos e intenté revivirlos. Fue todo en vano. Me levanté y al darme vuelta me vi a mi mismo con un cuchillo en la mano. Sentí como si alguien me empujase y abrí los ojos por segunda vez.
Estaba todo sudado y casi llorando. Sofía me despertó acusando que estaba gritando y me dijo que  había tenido una pesadilla. Una horrible pesadilla. Intenté conciliar el sueño pero  estaba demasiado perturbado por lo que acababa de ver.  ¿Qué lleva a mi subconsciente a soñar semejante barbaridad? ¿Acaso me tenía que cuidar de mi mismo? No encontré respuestas en ningún lado. Decidí olvidar lo sucedido y no contarle a mi amada esposa el terrible acto que cometía en mi mente.
Lamentablemente no fue la primera ni la última vez que tuve esas pesadillas. Me empezaron a atormentar. No lograba dormirme por las noches y mi esposa empezaba a tenerme miedo. Con el tiempo nos fuimos alejando. Yo seguía obsesionado con estos sueños y comencé a recurrir al alcohol. Me quedaba en casa escribiendo hasta tarde, tomando y regresando a la cama bastante alcoholizado. Eran de esperar las quejas de Sofía. ¿Por qué tomás tanto? ¿Acaso no nos amas? ¿Qué no me estas contando? Siempre repetía las mismas preguntas. Me ponían nervioso. Tenía que hablar con alguien acerca de mis miedos. Me estaban consumiendo y comenzaban a afectar mi vida diaria y la relación con mi familia.

Desperté con el ruido de mi puerta. No tuve ni tiempo para reaccionar. Pasó todo demasiado rápido. Su cuerpo estaba lleno de sangre. Mis gritos deben de haber despertado a todo el mundo. Bajé las escaleras sabiendo lo que iba a encontrar. Entré al baño y vi a  mis hijos ahogados en una bañera.  Tuve que detenerme. Llorando e insultando, abracé a mis dos hijos e intenté revivirlos. Estaba desconsolado. Fue todo en vano. Me levanté y al darme vuelta vi en el espejo la imagen que me atormentaba todas las noches,  a mi mismo con un cuchillo en la mano y empapado en agua.
Sonó un timbre que me hizo recordar a la primaria. Un hombre alto y grande entró en la celda. Era mi padre. ¿Qué hacía mi padre en mi casa?  ¿Qué hacía yo en una celda? ¿Qué estaba pasando?  Me puse muy nervioso y violento. Intenté escapar pero  me contuvo y me explicó lo que me estaba pasando. ¿Yo había asesinado a mi esposa? ¿A mis ángeles? 
Fue ahí donde volví a recordar lo sucedido y la razón de mi presencia en ese horrible lugar. La mente humana no tiene límites. Uno cree lo que quiere creer. Había llegado mi hora. Solo pensaba en ella. En como la amaba. Nunca quise esto. Sigo sin entender cómo es que sucedió.

martes, 2 de agosto de 2011

Ahi dejé mi texto. Estuve el fin de semana escribiendo, yendo y viniendo.. pero no queria subir solo la mitad o algo sin estar bien definido. Espero que esten todos bien y nos vemos en una semana! Saludoss!

lunes, 1 de agosto de 2011

Doble Faz

Recuerdo a mi padre decir que la muerte era un país del cual ningún viajero regresaba. Yo era niño y me asombraba por esas palabras. Hoy lo vivo en carne propia. Mis actos decretaron que no iba a vivir más de 30 años. Me encontraron culpable de homicidio. Me espera la pena de muerte. No pido que se compadezcan ni que sientan lastima por mí. Hoy es mi último día.
El aire es distinto, los colores también. Nada es igual. Mi tiempo esta contado y es cuestión de minutos para que entre en un profundo y largo sueño. Por lo menos así lo veo yo. Mi padre pensaba a la muerte como un país, yo la pienso como una larga pesadilla.  A veces me costaba encontrarme conmigo mismo. La soledad de una celda puede hacer maravillas con tu mente. Realmente solo pensaba en ella. La extrañaba. Me había dejado y lo tuve que haber evitado.
Constantemente  perdía la noción de quién era y del lugar en donde estaba. Di la vuelta y entré en la cocina. La vi y me puse a su lado.  Le susurré que la amaba. Me devolvió una sonrisa. Era hermosa. Sus ojos verdes fueron la razón de mi enamoramiento. Fue a primera vista claro, nunca amé a nadie tanto como a ella. Éramos felices y mi vida iba encaminada. Teníamos una pequeña casa en las afueras, perfecta para los niños y para descansar. Nadie molestaba. Yo trabajaba en casa. Escribía pequeñas novelas para una revista local. Todo estaba bien.
Desperté con el ruido de la puerta cerrarse. No tuve ni tiempo para reaccionar. Pasó todo demasiado rápido. Su cuerpo estaba lleno de sangre. Mis gritos deben de haber despertado a todo el barrio. Intenté seguir al asesino, pero nunca logré verlo. Al bajar me encontré con mi padre. Lo ignoré y seguí mi camino. Entré al baño y vi a  mis hijos ahogados en una bañera.  Tuve que detenerme. Llorando e insultando, abracé a mis dos hijos e intenté revivirlos. Fue todo en vano. Me levanté y al darme vuelta me vi a mi mismo con un cuchillo en la mano. Sentí como si alguien me empujase y abrí los ojos por segunda vez.
Estaba todo sudado y casi llorando. Sofía me despertó acusando que estaba gritando y me dijo que  había tenido una pesadilla. Una horrible pesadilla. Intenté conciliar el sueño pero  estaba demasiado perturbado por lo que acababa de ver.  ¿Qué lleva a mi subconsciente a soñar semejante barbaridad? ¿Acaso me tenía que cuidar de mi mismo? No encontré respuestas en ningún lado. Decidí olvidar lo sucedido y no contarle a mi amada esposa el terrible acto que cometía en mi mente.
Lamentablemente no fue la primera ni la última vez que tuve esas pesadillas. Me empezaron a atormentar. Casi que no dormía, y mi esposa empezaba a tenerme miedo. Con el tiempo nos fuimos alejando. Yo seguía obsesionado con estos sueños y comencé a recurrir al alcohol. Me quedaba en casa escribiendo hasta tarde, tomando y regresando a la cama bastante alcoholizado. Eran de esperar las quejas de Sofía. ¿Por qué tomás tanto? ¿Acaso no nos amas? ¿Qué no me estas contando? Siempre repetía las mismas preguntas. Me ponían nervioso. Tenía que hablar con alguien acerca de mis miedos. Me estaban consumiendo y comenzaban a afectar mi vida diaria y mi relación con mi familia.
Desperté con el ruido de mi puerta. No tuve ni tiempo para reaccionar. Pasó todo demasiado rápido. Su cuerpo estaba lleno de sangre. Mis gritos deben de haber despertado a todo el mundo. Bajé las escaleras sabiendo lo que iba a encontrar. Entré al baño y vi a  mis hijos ahogados en una bañera.  Tuve que detenerme. Llorando e insultando, abracé a mis dos hijos e intenté revivirlos. Estaba desconsolado. Fue todo en vano. Me levanté y al darme vuelta vi en el espejo la imagen que me atormentaba todas las noches,  a mi mismo con un cuchillo en la mano y empapado en agua. Esa vez no me despertó nadie.  
Sonó un timbre que me hizo recordar a la primaria. Un hombre alto y grande entró en la celda. Era mi padre. ¿Qué hacía yo en una celda? ¿Qué estaba pasando?  Me puse muy nervioso y violento. Intenté escapar pero  me contuvo y me explicó lo que me estaba pasando. Me resultaba muy difícil digerir lo que me decía. ¿Yo había asesinado a mi esposa? ¿A mis ángeles? 
Fue ahí donde volví a recordar lo sucedido y la razón de mi presencia en ese horrible lugar. La mente humana no tiene límites. Uno cree lo que quiere creer. Había llegado mi hora. Solo pensaba en ella. En como la amaba. Nunca quise esto. Sigo sin entender cómo fue que sucedió.